Las tres eses

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Muchas veces me han preguntado… ¿qué es lo que más te gusta de Corea? Al saber que llevo aquí una década, muchos inevitablemente imaginan que esto es o debe ser el paraíso, o que tengo un contrato tipo NBA o de estrella de Hollywood, pero noooo… jaja

Aunque en realidad la pregunta es sencilla, la respuesta es compleja. Uno no planea quedarse por artículo 33 en un lugar. Hay culturas, ciudades, países o zonas geográficas que ejercen cierto magnetismo entre las personas, pero en mi caso venir a Corea no fue algo premeditado, sino que me pasó.

Desde siempre sentí ganas de vivir en Asia, pero nunca imaginé que recalaría en Corea. Antes de vivir aquí ya conocía el país, pues tuve ocasión de visitarlo en varias ocasiones, tanto por turismo como por trabajo.

Y a decir verdad, mi primera impresión, la de la “primera vez” – esa que dicen que es “la que cuenta” de verdad, no fue muy halagüeña. Hacía un tiempo horrible y todo estaba gris y nublado, algo que a mí (que siempre busco el sol) ya me hizo torcer el gesto.

También reconozco que me costó “tomarle la medida” a la ciudad. Seúl no tiene un planeamiento urbanístico uniforme, pues creció muy rápido en pocas décadas. Y las distancias entre los sitios que quería visitar se me hacían eternas. Pero lo que es la costumbre… ahora me muevo de este a oeste o de sur a norte como pez en el agua, aunque la primera vez se me hizo cuesta arriba.

El caso es que en mis siguientes viajes conecté mucho más con la ciudad… pero incluso durante un proyecto que me retuvo en Seúl casi un mes, jamás imaginé que un año después estaría viviendo y trabajando aquí de modo permanente.

Pero volviendo a la pregunta… ¿qué te gusta más de Corea?

Cuando vives más de diez años en un lugar con una cultura tan diametralmente opuesta a la tuya, no es fácil elegir o quedarte con una sola cosa, con un aspecto concreto. Dicen que nuestra perspectiva la conforman “esas memorias” que habitan en el hipocampo… que como sabéis es la parte del sistema cerebral responsable de la memoria espacial y la navegación.

Las neuronas del hipocampo responden cuando el individuo atraviesa por una zona específica de su entorno y activan unas células que interactúan en gran medida con las “células de orientación” de la cabeza. Pues creo que debieron conectarse, o como suele decirse… algo dentro se activó e hizo clic.

Un año después estaba en la otra punta del mundo, y Seúl se me antojaba el “destino perfecto” para empezar una nueva vida. He de decir que tuve la infinita suerte de caer entre buenas personas, esas buenas y educadas personas que son mis compañeros de la radio. Mi agradecimiento hacia ellos es infinito por facilitarme tanto el camino en tantas ocasiones.

Y en cuanto a Corea… en cuanto a Corea destacaría lo que yo llamo “Las tres eses”:

SERVICIOS – SEGURIDAD – SOCIABILIDAD

S-1. Servicios. Corea posee unos Servicios inigualables. Tú estás tranquilo en tu país y piensas las cosas funcionan relativamente bien… hasta que descubres detalles que rayan la excelencia. Da igual si hablamos de servicio técnico, de mensajería, bancos, internet, tiendas, restaurantes, transporte, etc. En serio: en lo tocante a servicios los coreanos son imbatibles.

Recuerdo cuando antes de llegar aquí mi jefa me preguntó si necesitaba algo, y le dije que me iría bien tener conexión a internet en casa al llegar. Pero aterrado ante lo que en España suponía cualquier gestión relativa al wifi, al segundo le dije que no, que mejor lo dejara.

Espero que esto diez años después allí haya mejorado, jaja. El caso es que  me explicó que un cambio de titularidad se hacía en dos minutos. Con un ojo entrecerrado, como el que pulsa el botón en un laboratorio, le dije que de acuerdo. Y en realidad mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que nos llevó exactamente dos minutos ponerlo a mi nombre.

Y así con todo. El otro día comentaba con alguien que cada vez que voy al banco me dan ganas de llorar, no por las comisiones, sino porque el trato al cliente roza la excelencia… Rapidez, amabilidad, eficacia… contrastan con las patadas que suelo recibir las escasísimas veces que necesito algo de mi banco en España. No os creáis que el ninguneo es solo a mayores o jubilados. Nos tratan tan mal porque les dejamos, pero os aseguro que “otra banca es posible”.

En fin, sin ponernos muy intensos… que los servicios aquí son francamente buenos: lo compruebo cada vez que voy a Correos, en las infinitas aplicaciones del móvil, en tiendas, en restaurantes… en cualquier parte. Hasta que no llegué a Corea nunca fui tan consciente de lo que simplifica la vida que las cosas funcionen, que funcionen bien de verdad. Pero pasemos a la segunda S, mi favorita.

S-2. Seguridad. No entraré en qué parte deriva del confucianismo y qué parte de la híper-desarrollada red de cámaras de seguridad o CCTV, pero seguro que si habéis hablado con alguien que conozca el país os ha contado sorprendentes historias sobre dejar el ordenador o el móvil en la mesa de una cafetería para ir a pedir o al baño y que cuando vuelvas todo siga intacto.

O poder sacar dinero del cajero a cualquier hora sin riesgo. O perder el móvil en el metro y que aparezca sí o sí. Es una sensación maravillosa, indescriptible.

La seguridad no tiene precio. Recuerdo que al principio hasta me agobiaba un poco al tomar el bus o el metro por las mañanas. Iba hasta la bandera de gente y muchas señoras con los bolsos abiertos. Comprobaba con espanto cómo la gente dejaba la tarjeta de crédito en cualquier parte, o la cartera al alcance de todos. Pensaba en España y mentalmente visualizaba como en una parada habrían “limpiado” del primero al último, y si te descuidas, también al conductor.

Al principio, aunque no llevara nada de valor, me costaba hasta dejar el abrigo o la mochila solitos en una mesa mientras iba a pedir. Entonces descubrí lo maravilloso que es no tener que estar pensando todo el rato en que te van a robar. Es alucinante vivir en un país donde la gente respeta lo del vecino… y una vez te acostumbras a vivir en un entorno seguro, una parte de tu cuerpo se relaja, y genera una especie de “tranquilina” que esponja la mente.

Viceversa, las escasas veces que he podido regresar, al llegar a Barajas se te activa la “casilla de estrés anti-robos” y te tensa por completo tener que volver a preocuparte de tus pertenencias. Es “la muette”.

El caso es que ya ni recuerdo la de tarjetas de crédito que he visto tiradas en el bus o en la calle, y la gente ni las toca. Y si las recogen es para dárselas al conductor, dejarlas en una tienda próxima o llevarlas a objetos perdidos o a la policía. Lamentablemente, en este apartado tenemos mucho que mejorar, aunque me temo que esa parte está tan impresa en nuestro ADN que será difícil de cambiar. En cambio, en la tercera S sí nos parecemos más.

3-S. Sociabilidad. Los coreanos son extremadamente sociables. Tanto que a veces me sorprende esa simbiosis con los españoles, y me pregunto si tendrá algo que ver que Seúl y Madrid estén en el mismo paralelo terrestre, aunque hay diez mil kilómetros de distancia entre ambas capitales. A veces cierro los ojos y, si logro abstraerme del idioma, por el bullicio diría que puede ser cualquier zona de España.

Pues estas son las tres cosas que más me gustan de Corea, o por decirlo de otro modo, que más me facilitan la vida. Aunque como ya he comentado en muchas ocasiones, no todo aquí es de color de rosa. Es más, este país requiere de gran fortaleza física, mental y espiritual.

No es fácil resistir al desgaste que genera vivir en una gran megalópolis y sentirse ínfimo entre 25 millones de personas. Una urbe como Seúl te resitúa hasta el infinito, y te recuerda constantemente que solo eres “una hormiga ante un elefante”.

Vivir en Corea es así… un entramado de insólitas derivadas que a veces no encuentra fácil acomodo en las mentes occidentales. Pero mientras el país gira y se reinventa cada mañana con la velocidad de un acelerador de partículas, entre esfuerzo, lucha y sacrificio, destila una poción mágica que convierte a quien la prueba – y sobrevive- en la mejor versión de sí mismo.

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