Bom

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A los pocos meses de llegar a Corea, algo llamó soberanamente mi atención: todos los medios informaban sobre cuándo y en qué zona del país florecerían antes los cerezos. Ver esa noticia no solo me hizo abrir los ojos como platos, sino que… me alegró la vida.

Me alegró estar en un sitio donde la gente daba tanta importancia a la llegada de las flores. Claro que en España tenemos el mes de mayo, que es similar, pero… en realidad no solo celebran que las flores broten, sino la llegada de la primavera y de la vida en sí.

Como ya he comentado alguna vez, aquí se rigen por un calendario lunisolar con 24 divisiones que anticipan la llegada de cada estación.

Y no sabría decir por qué, pero una de mis favoritas es la tercera del año: Gyeongchip (경칩), día en que, según la sabiduría popular, las ranas (y otros bichitos) despiertan de su hibernación.

Además de parecerme simpático lo de los bichitos, según cuentan, en el pasado Gyeongchip era un día importante para los agricultores. Por ejemplo, solían enyesar las paredes o construir otras nuevas, al pensar que no habría movimientos de tierras durante ese día. O quemaban los campos de arroz para controlar las plagas, y pedían por una buena cosecha antes de Gyeongchip.

En las sociedades agrícolas tradicionales pensaban que los primeros animales que despertaban en primavera daban cierta vitalidad al universo, y solían recoger y comer huevos de rana o de salamandra, pues creían que aclaraban la vista y la mente.

Otra tradición de Gyeongchip es beber savia del árbol de arce pintado. En esta época del año, algunas zonas del sur y del centro del país extraen su savia y la beben, pues creen que ayuda a curar trastornos estomacales u otras enfermedades.

Cuando se completan los ciclos de Ipchun (입춘), de Wusu (우수), de Gyeongchip (경칩) y de Chunbun (춘분) eventualmente se dice que ha llegado la primavera (Bom, 봄).

Pero más allá de las ranas, los bichitos y las flores, la llegada de la primavera es muy esperada en Corea, pues el invierno es tan duro, que todos celebran que remita el frío, que se alejen los vientos y las nieves.

Y además, según dicen, con la primavera regresa el amor…

Antes del corona, la gente se desplazaba incluso cientos de kilómetros solo para ver los cerezos en flor. Por suerte para mí, KBS está junto a la Asamblea Nacional, en el distrito de Yeouido, uno de los principales enclaves del país para ver las flores de cerezo.

Normalmente es una zona tranquila, pero cuando llegaba el Festival de Cerezos en Flor, se congestionaba de puestecillos, paseantes, carros de comida, turistas, y “todo tipo de semovientes” en busca de la mejor foto.

A “los del barrio” nos molestaba un poco que viniera tanta gente, pues lo invadían todo y nos robaban la tranquilidad. Pero ahora que por tercer año el virus impide celebrar el festival… hasta se echa de menos el bullicio.

Pero pese al turistiqueo, realmente era muy agradable salir de trabajar y poder dar un paseo bajo los frondosos árboles de cerezo. O dar una vuelta después de almorzar para ver el ambiente y las flores bajo el sol de primavera.

Cuando por fin el mercurio sale de números rojos, y empieza a marcar temperaturas de dos dígitos, es tooooda una celebración. Los aletargados rostros de la gente agradecen poder guardar por fin el abrigo en el armario y olvidarse un poco de las arduas condiciones climatológicas del periodo invernal.

Aunque mientras escribo estas líneas aún está nevando pese a ser finales de marzo y estar casi oficialmente en primavera, aquí es normal sufrir estos sustos con repentinas bajadas de temperatura.

Tanto es así que, hasta existe una “poética expresión” para referirse a referirse a este “último frío” que precede al calor primaveral. Se pronuncia algo así como “꽃샘추위” o kkot-sem-choo-eui, y la traducción… me encanta, pues dicen que es “el frío que siente envidia de las flores”.

Cuando la primavera entra de lleno, activa un resorte invisible entre la gente. Todos salen a pasear en tropel. Las zonas que solían estar semi desiertas durante el invierno, se llenan de gente. Los oficinistas invaden los parques cercanos a la hora del almuerzo, y las orillas del río Han (hangang), escenario de tantos dramas y películas coreanas, se pueblan de personas ataviadas con todo lo necesario para “un perfecto picnic”.

Y hablando de picnic, la euforia primaveral también se cuela en el menú del día. Al poseer una orografía abundante, la variedad de platos elaborados con sanchae namul (산채나물) o verduras, hierbas y raíces silvestres, es absolutamente asombrosa. Cocidos, fritos, crudos o con un simple aderezo, los vegetales de temporada, como suelen decir los coreanos, “traen el sabor de la primavera a la boca”.

Una de las formas más conocidas de comer namul es el popular bibimbap, que en primavera se viste acorde para la estación. Los restaurantes ofrecen “sanchae bibimbap” (산채비빔밥) o “bibimbap de hierbas silvestres”, con una mezcla especial de raíces de temporada, que elevan el bibimbap tradicional a una nueva dimensión.

También hay restaurantes que ofrecen platos de raíces y hierbas primaverales como “namul babsang” (나물밥상). Suelen estar junto a montañas o templos famosos y parques nacionales, pero la gente se desplaza hasta la otra punta del país solo para sentir la naturaleza (desconozco el dato exacto de cuántos practican senderismo en Corea, pero juraría que debe estar próximo al cien por cien, o más, jaja).

Los coreanos son tan aficionados al senderismo que casi podríamos hablar de “deporte nacional”, y en esta época proliferan los señores mayores vestidos “para la acción”. Podrás distinguirlos a kilómetros, pues van ataviados con colores chillones y ropa técnica de marca como si fueran a subir el Everest, y accesorios que, ríete tú del Coronel Tapioca.

Lo cierto es que muchos de estos senderistas mayores se quedan a medio camino en los múltiples espacios “para repostar” que ofrece el sendero. Para ellos, salir a caminar se transforma en una excusa para socializar y beber con los amigos.

Pero últimamente caminar también es tendencia entre veinte y treintañeros, que suelen culminar las rutas para postear fotos “muy cool” en las redes, junto a la señal que marca la cima o el final de su recorrido.

En fin, por si quedara alguna duda, el especial cariño de los coreanos por la primavera, se refleja en la multitud de poemas y canciones dedicados a esta estación. Incluyendo las que aluden a todas las emociones y vivencias que tuvieron bajo los cerezos en flor.

En Corea, subir montañas no es solo un pasatiempo, o dicho de otro modo: es mucho más. Para gran parte de los coreanos es un estilo de vida. Además, por todo el país hay montañas, colinas y caminos con diversos grados de dificultad, cada uno con sus propios retos. Casi como la vida misma: toda una “metáfora existencial a medida”.

Además, la fascinación que sienten por el Camino de Santiago es tal, que hasta los ha llevado a crear una especie de carnés donde les ponen una estampilla al final de cada etapa.

Pero este año, entre las tristes noticias de la guerra y el apabullante repunte de contagios, probablemente esa explosión de júbilo primaveral quede contenida… Aunque, en todo caso, la gente la disfrutará en privado, desde lo más profundo de su corazón. Y tú… ¿con qué sueñas en primavera?

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