Sí, quiero

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Nunca había oído hablar tanto de bodas en mi vida como en Corea. Desde casi antes de aterrizar en el aeropuerto ya me estaban preguntando: ¿estás casado? Bueno, es broma, jaja… pero no tanto.

Al principio no entendía a qué venía tanto interés por mi estado civil. Creo que, aproximadamente, el total de veces que me han hecho esa pregunta en España equivaldría a un mes aquí, más o menos. Es decir: en un mes aquí, me lo preguntaron tantas veces como en toda mi vida en España. ¡Increíble!

Al principio despista bastante, pues no sabes si es que están interesados en ti como pareja, jaja. Pero no… nada que ver.

Lo preguntan porque les da cierta tranquilidad saber que estás casado. Me explico. Corea es un país bastante tradicional. Y aunque muy lentamente eso está cambiando, el modelo de persona “respetable y socialmente integrada” es alguien que se casa, tiene hijos, trabaja y aporta a la comunidad. 

Pero tampoco hay que echarse las manos a la cabeza, porque España era así no hace tanto. Al menos, yo tengo vagos recuerdos de algo parecido cuando era niño. Quizá lo más chocante es que a la gente le siga importando tu estado civil a fecha de hoy.

Al menos en España a nadie le importa si estás casado, soltero o entero, solo o con leche, jaja. Más allá de alguien que quiera tirarte los tejos o tenga interés en ti como pareja, a la gente le importará poco tu estado civil.  

Hasta donde recuerdo, a la gente le dará igual si estás casado, soltero, divorciado, arrejuntado, en poliamor, si tienes una relación con derechos o lo que sea… A los que de verdad te aprecien, solo les importará que estés bien o que seas feliz. El resto… es una mera casilla en el DNI y poco más.

El caso es que, aquí hay bastante obsesión por el matrimonio. Tanto que se ha convertido en “tema tabú” en las típicas reuniones familiares, como las de Año Nuevo Lunar o Chuseok, donde alguno de los mayores siempre formula incómodas preguntas a los jóvenes solteros, del tipo: ¿No va siendo hora de formar familia? ¿Ya tienes pareja? ¿Vas a casarte este año?

Tan punzantes preguntas agobian tanto a los jóvenes que a veces hasta renuncian a ir a esas reuniones, consideradas como “un encuentro sagrado” al no se puede o no se debería faltar. Es decir, prefieren quedar mal o granjearse “fama de ostra” con la familia, antes que pasar por ese calvario.

Pero… ¿por qué tanta insistencia con las bodas? Pues, a decir verdad, no es algo exclusivo de Corea. Muchos de los países de Asia que he conocido tienen la misma fijación con el matrimonio. Es como si para desarrollarse plenamente, una persona tuviera que casarse. Como si el ser por sí mismo estuviera incompleto y precisara de “esa otra mitad” para poder crecer plenamente.

No sé, quizá también haya gente en España que piense así, pero al menos entre los que yo frecuento, nadie piensa que por no casarte “te quedarás a medias” en la vida. Les preocupará en la medida que pueda importarte a ti, pero en general, el tema de “si hay anillos” les importará más bien poco o nada.

Pero aquí casarse es como una “obligación social”. Entre los jóvenes en lo que podríamos llamar “edad casadera”, que por uno u otro motivo no tienen pareja, la presión por dar respuesta convincente a tan incómoda pregunta puede hacer temblar sus cimientos… o inquietarles más de la cuenta. 

De hecho, en mi caso, cuando respondo que no estoy casado, la pregunta inmediata es: ¿por qué?

Como tengas una cierta edad y digas que no te has casado nunca, automáticamente te convertirás en objeto de sospecha… ¿Será raro? ¿tendrá algún problema? ¿será antisocial? ¿acaso será mala persona?

No hace falta que expresen verbalmente – aunque a veces lo hacen- todas las dudas que les asaltan. Pero de pronto, alguien a quien acabas de conocer, puede preocuparse muchísimo porque “no tengas a nadie que cuide de ti”, e incluso puede ofrecerse de inmediato para presentarte a alguien.

Al llegar aquí ese tipo de cosas me dejaban ojiplático. Al principio no le di mayor importancia, pero al ver que era un tema “de peso social”, tuve que empezar a improvisar explicaciones, como decir que en mi país no importa mucho si estás casado, al menos no con la vehemencia de aquí, y que ser soltero no supone un problema, pues a nivel social tiene la misma aceptación que estar casado.

Aunque me seguían mirando raro, como pensando, esa explicación no me convence mucho, creo que lo archivaban en la carpeta de “diferencias culturales” y ahí les incomodaba menos. Pero vamos, que, si eres coreano y a cierta edad no te has casado, te lo digan o no, pensarán que algo raro pasa.

Por eso, aquí el matrimonio se suma a “otra de las muchas tareas” que hay que cumplir en la vida para ser un “respetable integrante de la sociedad”. Tanto es así que, está totalmente instalado el llamado sogaeting (소개팅), una “variante oficial” de lo que nosotros llamaríamos alcahuetería.

Al saber que estás soltero, todo tu círculo de amigos o conocidos se movilizará para intentar presentarte a alguien con fines matrimoniales, otro gesto que me sorprendió bastante, pues la vida personal en España suele ser eso: personal, jaja. Pero aquí todos lo toman “casi como una misión” e intentan por tooodos los medios, presentarte a alguien con quien poner fin a tu soledad… o a tu mala suerte.

El sogaeting puede darse en la empresa, por parte de amigos, familiares, etc. Es una de esas cosas que hay que “vivir en persona” para entender, pues esa obsesión por el matrimonio no es fácil explicar.

También me sorprendió ver cómo la gente planifica “casarse en una fecha concreta”, aunque ni siquiera sepan con quién, ni hayan conocido “al contrincante”, jaja. Me han invitado a más de una y de dos bodas de gente que me anunció su intención de casarse en una fecha concreta pese a no tener pareja.

Para ser honestos, no salía de mi asombro. Es como si yo ahora dijera: ¡me voy a casar en 2023!

Muchos me darían la enhorabuena y, normalmente, luego me preguntarían que con quién. Entonces yo les diría: “todavía no lo sé, pero uno de mis objetivos para este año es encontrar a alguien”.

Desde luego hay mil mecanismos. Y no me parece ni mejor ni peor… solo entra en el ámbito del “choque cultural”, pues en realidad “la maquinaria” del matrimonio aquí es muy distinta a la nuestra.

Al menos formalmente, la sociedad debe estar ordenada. Y para no andar por ahí como una pluma sin tinta, debes estar recogido y en familia, pues los solteros (o solterones) se consideran “ovejas descarriadas”. Aunque recientemente… los tiempos están cambiando.

Me han contado historias de jóvenes que, “por no soportar” la presión familiar, buscaban cualquier pareja y firmaban los papeles del matrimonio, solo para contentar a los mayores. Eso me parecía triste, pero entre las nuevas generaciones hay menos bodas.

De hecho, algunas encuestas oficiales reflejan que entre un 40 y un 50% de los jóvenes ya no ve el matrimonio como algo imprescindible, e incluso en sondeo de febrero, un 28% de las seulitas dijo estar favor de tener hijos sin casarse. ¡Toda una novedad!

Datos tan contundentes hubieran sido impensables solo veinte años atrás, pero – al menos por lo que he podido observar en esta última década- algunas cosas están cambiando en la sociedad coreana.

Obviamente no todos se casan por obligación ni por compromiso, es solo que, al ver el método de “selección de candidatos”, o cómo abordan las citas para concertar boda, te entran dudas sobre las prioridades al buscar a ese “compañero de vida”.

De las citas os hablaré otro día, pues es realmente interesante. Pero… no quiero transmitir la sensación de que todos se casan por compromiso, pues sé a ciencia cierta que muchos lo hacen por amor.

Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid… quiero dedicar este episodio a una entrañable pareja de enamorados que se casa en un par de días. Aunque no pueda estar con vosotros en persona, sin duda estaré de corazón.

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